Quien ha vendido durante años conoce el patrón: las mismas repreguntas, las mismas citas, el mismo seguimiento, un día tras otro. Y sabe que las ventas rara vez se pierden por la oferta, sino por quién respondió primero y quién no se rindió.
La idea era representar exactamente esas secuencias que se repiten. Pero no de forma genérica. Un kit que se ve igual para todos los clientes no resuelve el problema: el proceso de una agencia de seguros no es el de un concesionario ni el de una administración. Y tiene que sonar cercano, o el cliente nota en la segunda frase que escribe con una máquina.
El canal estuvo claro enseguida: WhatsApp. No por ser la herramienta más nueva, sino por ser el medio de comunicación número uno. Contamos con que las empresas lo usarán cada vez más en los próximos años para atención, soporte y ventas. Para eso se construyó alkaio, y se sigue construyendo.
Que seamos dos no es casualidad. Una parte es la práctica: saber qué quieren realmente un cliente y un comercial en una conversación, porque uno estuvo años en esas conversaciones. La otra es la ingeniería: procesamiento de texto e imagen, lógica de agentes, las reglas sobre cuándo un modelo puede responder y cuándo no. Sin ambas sería o un concepto comercial sin producto o un modelo sin aplicación.